JESUCRISTO ES LA VERDAD

 
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JESUCRISTO ES LA VERDAD
 
 
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Levanto mis manos, aunque no tenga fuerzas, levanto mis manos, aunque tenga mil problemas..

Cuando levanto mis manos comienzo a sentir una uncion que me hace cantar, cuando levanto mis manos comienzo a sentir el fuegooooooo....

Cuando levanto mis manos mis cargas se van, nuevas fuerzas tu me das, todo esto es posible, todo esto es posible cuando levanto mis manos... "se repite y repite"
SAMUEL HERNANDEZ




TEMA: "YUGO DESIGUAL"
TEXTO: 2 CORINTIOS 6:14
INTRODUCCIÓN:
No es capricho de Dios el que nos demande a sus hijos, que nos cuidemos de hacer alianzas con aquellos que no lo son. El conoce nuestra naturaleza y vulnerabilidad y la influencia que resulta de los acuerdos.
Aprendamos a tomar autoridad sobre las circunstancias y a discernir las maquinaciones que podrían estar acechando, tan sutilmente, que apenas se perciben, a menos que estemos en armonía con Aquél que todo lo sabe y que está dispuesto a ayudar al que así lo desee.
La Biblia está plagada de ejemplos de consecuencias que han tenido que enfrentar muchos hijos de Dios por desobedecerle en este particular. Sean estos alertándonos para que no caigamos en lo mismo ... Dios no cambia, y el diablo tampoco. El que hizo caer a Sansón, a Salomón y a tantos otros, es el que te acecha a ti hoy. Apercíbete y cuídate y "si te falta sabiduría, pídela a Dios, quien la da abundantemente y sin reproche ... y te será dada." Santiago 1:5.
DEFINAMOS ¿QUE ES UN YUGO DESIGUAL?
yugo. (Del lat. iugum).
1. m. Instrumento de madera al cual, formando yunta, se uncen por el cuello las mulas, o por la cabeza o el cuello, los bueyes, y en el que va sujeta la lanza o pértigo del carro, el timón del arado, etc.
desigual.
1. adj. Que no es igual.
Entonces ante esto podemos decir que Yugo Desigual es:
La unión ya sea de pensamientos, personas, formas de vida, creencias, etc que no son iguales.
La unión de dos personas que no comparten la misma forma de pensar.

¿QUE COSAS PUEDEN SER UN YUGO DESIGUAL?
Quizá una de los yugos desiguales mas comunes es:
El Yugo Desigual en sentimental: Hoy en día muchos matrimonios terminan en fracaso y todo por no haber tomado una buena decisión. La Biblia nos manda a que no nos unamos en Yugo desiguales puesto que no hay comparación, pero en cuanto a lo sentimental hay varios dependencia a las que se puede atribuir como “Yugo Desigual” como por ejemplo:
1. Que una de las dos personas no sea cristiana.
2. Que una de las dos personas tenga anhelos de servicio y la otra no.
Un Yugo Desigual en nuestras amistades: Si una amistad en lugar de bendecir tu vida esta afectándote, a tal punto de que estas descuidando tu relación con Dios, entonces tal amistad es un Yugo Desigual. Cuando hablamos de amistades no solo hablamos de amigos no cristianos sino que en nuestras mismas iglesias ya “amigos” que en lugar de animarnos nos desaniman. Hay amistades que nosotros sabemos que son alianzas con el mundo y la Palabra de Dios es clara en decir que aquel que es amigo del mundo se constituye enemigo de Dios. Con esto no decimos que no podemos tener amistades que no sean cristianas, sino mas bien no permitir que ellos influyan negativamente en nuestra vida, sino que nosotros seamos los que influyamos en ellos para que busquen de Dios.
Un Yugo Desigual en los negocios: Hay ciertas persona que dicen ser Cristianas y que realizan alianzas en negocios que no son de Dios, haciendo que el nombre de Dios sea vituperado.
¿COMO EVITAR CAER EN UN YUGO DESIGUAL?
1. Debemos orar y mantener una relación intima con Dios para que el nos dirija en nuestra vida diaria.
2. Si ya hemos caído en un yugo desigual, tratar de manera sabia quebrantar ese yugo, porque sino las consecuencias pueden ser dolorosas.
3. Por otra parte si es un yugo difícil de romper(como un matrimonio) entonces tenemos que orar y someternos completamente a Dios para que el ordene el yugo del matrimonio.
4. Y la forma mas importante de evitar caer en yugo desigual es: VIVIR CADA DÍA AL LADO DE JESÚS PERMITIENDO QUE EL SEA EL TOTAL SEÑOR DE NUESTRA VIDA.
CONCLUSIÓN:Jesús nos invita a tomar su yugo sobre nosotros y aprender de El, esto es abandonar nuestras propia voluntad y someternos a la voluntad de El, de esta forma hallaremos descanso para nuestra alma(Mateo 11: 29, 30).
 
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La resurrección de Cristo



En mis viajes por países de la tierra he visitado algunas tumbas de personajes que en vida tuvieron fama: La tumba de Napoleón en París; la tumba de Mao Tse Tung en Pekín; la tumba de Lenin en Moscú; la tumba de Kennedy en Arlington. La tumba por excelencia, el Taj Mahal, a orillas del Yamuná, en Agra. He pasado horas leyendo inscripciones de celebridades en las estructuras funerarias de Montparnasse, el cementerio más visitado de París.

En Jerusalén he estado dos veces. He preguntado a unos y a otros por la tumba de Jesús de Nazaret, pero nadie me ha dado noticia de ella. No existe. El cristianismo es la religión de la tumba vacía.

Los datos más fiables establecen que Jesús fue enterrado en Jerusalén en la fecha que corresponde a nuestro 3 de abril del año 33. Era domingo. Resucitó sin dejar huellas de su enterramiento. El pasado domingo se conmemoró un año más del acontecimiento que dio un vuelco a la historia de la humanidad.

La efeméride me ha inducido a escribir este artículo. La resurrección de Cristo, tema central en la predicación de los apóstoles, es la columna central del cristianismo. Su piedra angular. Sin resurrección Cristo queda reducido a un hombre más, gran profeta, gran maestro, gran moralista, pero sólo hombre, hombre perecedero y finito.

San Pablo lo plantea en toda su cruda realidad: “Si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también nuestra fe…. Somos hallados falsos testigos de Dios” (1ª Corintios 15:14-15).

Pura lógica.

Cuando el mismo apóstol y en el mismo capítulo escribe que Cristo resucitó “conforme a las Escrituras”, se está refiriendo a las profecías del Antiguo Testamento, escrituras que él había estudiado desde niño y conocía a la perfección.

En el discurso profético sobre la resurrección de Cristo se señala la historia de Abraham e Isaac en el monte Moria. Isaac no llegó a ser sacrificado. Y la Palabra inspirada indica que el padre “le volvió a recibir por figura” (Hebreos 11:9). Figura de la resurrección de Jesús.

El episodio de Jonás contiene un mensaje más transparente: “Como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches” (Mateo 12:40).

Está también el significativo pronunciamiento del rey y poeta David: “No dejarás mi alma en el sepulcro, ni permitirás que tu santo vea corrupción” (Salmo 16:10).

Y la contundente declaración profética de Isaías: “Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días---“ (Isaías 53:10).

Que Cristo conocía estos textos y que era consciente de que había de resucitar da fe su intrépido desafío a los judíos fariseos: “Destruid este templo, y en tres días lo levantaré” (Juan 2:19). Se refería, es obvio, al templo de su cuerpo.

Quienes no admiten la resurrección de Cristo se sacuden el problema objetando que la resurrección es un mito. ¿Un mito? El mito tarda siglos en incubarse. Los seguidores del Maestro hablaban por todas partes de la resurrección a los pocos días de haber tenido lugar, cuando era fácil desmentirla.

No murió, dicen otros. Padeció un colapso en la cruz. Admitiendo el supuesto y posible desmayo, cuando aún permanecía en el madero un soldado romano “le abrió el costado con una lanza” (Juan 19:34) ¿Pudo el supuestamente desmayado Jesús sobrevivir a aquél desgarro del corazón? Quienes no leen o leen y no entienden, o no quieren entender, pasan por alto el hecho capital que registra el evangelista Marcos: Pilatos no quedó tranquilo hasta que se hubo cerciorado de la muerte real del crucificado.

¿Y los que dicen que robaron el cuerpo de Cristo y lo escondieron para hacer creer que había resucitado? Son tontos. ¿Quiénes robaron el cuerpo, los discípulos? Primero, ellos no creían en la resurrección; segundo, tras la muerte de Cristo todos volvieron a las faenas seculares que desempeñaban tres años atrás, considerando que había terminado la historia; tercero, ¿cómo podía un grupo de hombres débiles enfrentarse a la poderosa guardia romana que custodiaba el cuerpo por orden expresa de Pilatos, avisado precisamente de la posibilidad del robo?; cuarto, ¿qué se hizo del cuerpo? Las autoridades judías, que tanto empeño habían puesto en la condena de Jesús, y las autoridades romanas, ¿no removerían Jerusalén por aquellos días en busca del cuerpo muerto?.

¡Y apareció la Magdalena! Cultivadores de la novela romántica han dicho que fue el amor de María Magdalena lo que dio lugar a la creencia de la resurrección. ¡Fantástico! El amor de una mujer puede elevar a un hombre hasta la gloria suprema o puede hundirlo en el pantano de la humillación y la derrota. Pero ningún amor, jamás, ha tenido el poder necesario para resucitar a un muerto.

Puesto que en este artículo no caben más palabras, que las últimas sean las del apóstol Pablo: “Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras, fue sepultado y resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras” (1ª Corintios 15:3-4).


Juan Antonio Monroy es escritor y conferenciante internacional.







 
 
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